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El horizonte de Doñana

La familia Sánchez, repartida desde el cálido valle de Doñana hacia los más recónditos lares de la Patria y el mundo, aprovechando el feriado por 28 de julio, tuvo la feliz iniciativa de organizarse y rendirle tributo a su patriarca José Natividad Sánchez Silva, próspero comerciante chotano de la primera mitad del siglo XX, quien ostentara el cargo de juez de la provincia en los convulsionados tiempos de la revolución de 1924.

Natural de Colpa-Huacarís, dueño de vastas propiedades en el mencionado valle Doñana y en la actual calle Gregorio Malca de la ciudad, se interesó siempre por la educación de sus descendientes, teniendo como preclaros ejemplos los de su hijo Pompeyo Sánchez Hurtado, respetado médico, quien desde Lima programaba visitas periódicas de trabajo a Chota, celebradas por la población, y su nieto Fermín Sánchez Ticlla, igualmente notable médico residente también en la capital, jefe del primer piso del Hospital del Empleado “Edgardo Rebagliati Martins”.

Hoy sus nietos, biznietos y tataranietos, convertidos en pléyade de profesionales y personajes distinguidos, se organizaron para homenajear su memoria elaborando el busto recordatorio que ha sido erigido en ceremonia comunal en la Escuela 10390 de Pingobamba Alto, que lleva su nombre.

La talla es obra de uno de sus descendientes, Miguel Ángel Antesana Sánchez, emergente artista plástico chotano egresado de la Escuela de Bellas Artes de Trujillo.


Al momento de la develación y bendición del monumento, el sacerdote Francisco Hernáez Lorenzo, emocionado como todos los presentes, felicitó al artista elogiando la lograda mirada de José Natividad: firme, alta y serena, puesta en el horizonte… aquel horizonte de Doñana que fructificó con trabajo, pasión, esfuerzo y temple de carácter, según atestigua la oración, legando en los suyos la nobleza de dotar a la comunidad un terreno de su propiedad para edificar la escuela, como así fue el caso.



Pingobamba Alto se encuentra a la vera izquierda del curso medio del río Doñana, ambos al norte de la meseta de Akunta. Doñana es uno de los más importantes caudales de nuestra provincia, pues su naciente –junto con la del Conchano– se halla en la cordillera de Querorco, punto de inicio del megaproyecto lambayecano de irrigación Tinajones.

La vía más usada para llegar y disfrutar de Doñana, con sus edénicos paisajes plenos de frutales, es por la carretera a Lajas, tomando a la altura de puente “Bedoya”, el desvío hacia el Túnel Conchano o ruta del Puente Rojo;

pero la vía más directa –ideal para la caminata, que debería ya habilitarse para el tráfico carrozable– es por la trocha que partiendo del puente sobre la otrora hermosa quebrada de San Mateo nos lleva por Cochopampa hasta la fila o cumbre de El Tuco –desde donde se tiene una de las más espectaculares panorámicas de la ciudad–

y descender prestos al ubérrimo valle, no sin antes pasar por el enigmático y temido cerro de La Chucchula –al que se le atribuye la facultad de comer gente– y la mentada Escuela 10390, justo antes de tocar el río.

Para los montaña esta última alternativa es un placer… al volver siempre con el ocaso consumado a la cumbre de El Tuco, donde sentados entregamos nuestro espíritu a la fascinación de vislumbrar la insustituible panorámica nocturna de nuestra ciudad, acompañados del titilar de estrellas y luciérnagas y el singular canto de grillos, cigarras y anuros loando sin cesar a la vida.