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Aquella noche del domingo 29 de agosto de 2010 que diéramos la bienvenida oficial con una velada literario-musical en “La Cabaña” a la delegación universitaria trujillana, que llegó a nuestra ciudad para realizar el Inventario Turístico del Distrito de Chota, recuerdo muy bien cómo Manuel Martín, el mayor de ellos, se sorprendió tanto cuando una adolescente chotana –quien participara ya durante el día en la primera ruta trazada, y quien suele hablar con mucho respeto y a veces acentuado gesto de niña a sus mayores–, de pronto en el escenario se transforme en una especie de guerrera, sobre todo –y como en esa oportunidad– al declamar “Alma chotana”, el épico poema de César Gilberto Saldaña Fernández, también Montaña.

¡Qué…! –sacudió la cabeza.

Pronto sus compañeras nos hicieron saber su deseo de que cuando les tocara presentar su trabajo en Trujillo, les gustaría que esa guerrera, María José Montaña, Majo como la empezaron a decir, declamase en el workshop, como una muestra fehaciente de la cultura chotana.

Por supuesto que la idea nos gustó muchísimo. Y como buenos chotanos, decidimos no sólo llevar a nuestra querida Joshe, sino todo lo demás de NUESTRA CULTURA VIVA, surgiendo la idea de llevar con nosotros fotos, bibliografía, videos musicales, artesanía, bocados, pan y platos típicos, a la par de más declamadores, si fuese posible cantantes y hasta una banda típica en vivo… y, cómo no, una estampa chotana.


Germán Blanco, con su habilidad innata para esgrimir guiones, nos redactó pronto el libreto de tres estampas, y la casa de Juana Vásquez sirvió para los intensos pero distendidos ensayos; naciendo así el Taller de Teatro “Montaña”, a través de estas tres pequeñas representaciones teatrales con temas muy nuestros: “La Cuda”, “El Pediche” y “La Justicia Campesina”.

¡Entonces y sólo entonces, la meta era el 9 de octubre!

Las gestiones para poder viajar un número mayor de participantes, nos tocaron en tiempos políticos, electoreros… mejor dicho, politiqueros. Nos ofrecieron una combi donde fácilmente podríamos viajar dieciséis actores, para costear sólo el combustible –nos salía a treinta soles, ida y vuelta a Trujillo… todo una ganga– y, por otro lado, nos aseguraron el apoyo sustancial, según sus partidarios, del propio alcalde de la capital liberteña, nuestro paisano César Acuña. Nada, a la hora de la hora, fuimos nosotros y nuestras circunstancias. Aunque valgan verdades lo único que nos hubiese gustado es que Dn. César participase en el estrado oficial del espectáculo que presentamos en esa oportunidad.

Omayra Díaz, Alan Herrera y nuestra nueva montaña, Juanita Cusma, ya nos esperaban en Trujillo, luego de las elecciones del 3 de octubre. Desde Lima nos confirmó su presencia César Gilberto Saldaña y desde Cajamarca, Magaly “Maggi” Gamonal. De Chota, con todos los percances pudimos viajar sólo cuatro: María Muñoz, María José Moreto, Atilano “Barrabás” Edquén y Milton Antezana, con nuestro propio peculio y obligados a prescindir de la participación de Ángel Campos, Juana Vásquez, César Sánchez, Germán Blanco, Héctor Gamonal González, Gilberto Benavides y Jéiner Gonzales.

Debemos agradecer, eso sí, el apoyo incalculable de Elizabeth Imaña y su madre, la señora Gloria Uriarte, por habernos facilitado su domicilio, una vez en Trujillo; pues se convirtió en una suerte de Cuartel General “Montaña”, donde estuvimos reunidos, en cierto momento, hasta casi una veintena de paisanos y amigos, sumados con los universitarios trujillanos.

En la noche de la víspera, mientras Kathy Velásquez Moreno, Sindy Chávez Machuca, Luz Alvítez Quiroz, Sheylla Rodríguez García, Erika Gutiérrez García, Jennifer Leal Guarniz, Manuel Martín Ríos y Danny Milton Vargas Huamán, en casa de la primera, daban los últimos retoques a la maqueta del distrito de Chota con todos los recursos turísticos visitados, en casa de doña Gloria, y ya con la presencia de Maggi, apurábamos la fritura de los cuyes y chicharrones, realizando asimismo el último ensayo del teatro.

DÍA SÁBADO 9 DE OCTUBRE. A las nueve de la mañana, estuvimos en la Plazuela “San Agustín” de Trujillo con todos nuestros pertrechos. Allí ya se encontraban Erika y Jenny preparando el stand, pronto llegaron Danny, el resto de las demás chicas, en grupo, y Manuel Martín.

Manos a la obra, colocamos entre todos como fondo la gigantografía con el collage de sitios turísticos chotanos, elaborado por los chicos trujillanos. Tenía por título “CHOTA: ESMERALDA DE LOS ANDES… Ven y disfrútala, su gente te espera”; reconociendo nuestras frescas aventuras por Chucumaca, Negropampa, Condorcaga, Utchuclachulit, La Palma, Cabracancha, etc. A los flancos ubicamos las chalonas, alforjas, tapices y demás tejidos que nos habían prestado en Chota.

En una mesa fue ubicada la maqueta y en otra las artesanías de doña Sofía (muñequitas, alforjitas simples y con semillas de la fortuna, machetitos, billeteras y monederos) adornando a nuestros deliciosos bizcochos y semitas, turcas y panecitos de maíz, rallados y quesos y los sabrosos cuyes y chicharrones. En sendos paneles, más afuera del stand, colocamos tanto nuestras fotos como la de los chicos, seleccionados por categorías turísticas.


Omayra llegó para dejarnos su traje típico, teniendo que retirarse debido a que tenía examen en la universidad. Luego también lo hizo Alan y con todos nosotros le auspiciamos un gran reencuentro con Sindy –con susto y enorme grito incluido de la risueña pacasmayina–, enterándonos que eran la parejita del año, nacida en las profundidades de la Gruta de Negropampa. Juanita llegó a punto con el llamado telefónico de César Gilberto desde su hotel, a donde acudimos junto con Manuel Martín para acompañar a nuestro poeta de vuelta a la plazuela.

Así, cuando volvimos me doy con la sorpresa que los Montaña habían abandonado el stand, al cuidado sólo de Luz. Cuando telefoneé a Majo me respondió que estaban alistándose para la actuación: ¡Caramba, acaso creen que estamos en Chota y que podemos botar las cosas así por así!

Luego, María Montaña me comunicó que durante nuestra ausencia había llegado una nutrida delegación del Centro Chotano de Trujillo, quienes ansiosos ya habían querido degustar nuestras delicias chotanas, pero el concurso de stands aún no pasaba la calificación.

Compartimos enseguida la inauguración oficial del evento desde el estrado de honor, tanto con el Dr. Napoleón Cieza Burga, presidente del centro chotano mencionado, como con César Gilberto y demás personalidades de las otras delegaciones concursantes.


Y así fueron desfilando por el escenario números musicales y danzantes de La Libertad (Markahuamachuco), Ancash (La Galgada), Piura (Ayabaca), Amazonas (Bagua-La Peca), Lambayeque (Incahuasi), San Martín y Tumbes, hasta que llegó el turno de Chota.


Iniciamos nuestra participación con “Alma chotana”, que María José dedicó allí mismo a un muy orgulloso pero cada vez más sencillo César Gilberto, siendo aplaudidos por todos.


Luego vino el turno de “El cholito Domitilo”, poema de Marco Carvajal Atencio, extraído de la comedia homónima de Dn. Magnito Tirado Bazán, y que a la declamación de María José fue acompañada por el fonomimo de Atilano “Barrabás”, arrancando las primeras risotadas del respetable.


Risotadas que se convirtieron en carcajadas cuando, a continuación, entró en escena nuestra creación específicamente pensada para la ocasión, “La Cuda”, que, debido a las contrariedades explicadas y a la falta de actores, tuvimos que enlazarla con “El Pediche”, saliendo sin embargo un producto inolvidable: Bonifacio (Atilano) logra el sí de la hermosa Meraida (María José), luego de un interesante y trabajoso enamoramiento; situación que deja embobado al joven amante que, al encontrarse solo y pensando en su amada, es tentado por la Cuda (María José, en doble papel), la más representativa de nuestras maléficas apariciones, quien ha tomado la forma de Meraida, atrayéndolo hacia su morada en la laguna, donde el buen Bonifacio termina loco, es decir encantado.

Pericles (Milton) y Gerundia (Juanita) de inmediato conducen a su enajenado hijo donde Ño Shilve (Manuel Martín), recomendado curandero, para que le practique una limpia; acción que es asistida por Nativo (Alan), el ramba, hijo del brujo.

Bonifacio es curado y hasta le es “acomodada la suerte”, es decir Ño Shilve le practica un amarre para conseguir sí o sí a Meraida. Así, pasado el tiempo y vueltos a encontrarse los amantes, Bonifacio se espanta de la supuesta Meraida, pues tiene que convencerse que en realidad no es la Cuda; cuando ella lo hace, entonces deciden poner fecha al matrimonio, ser felices y… termina la historia… historia que aprovechamos para enlazar con nuestra segunda presentación: El Pediche.


Bonifacio, acompañado de sus padres, acude a pedir la mano de Meraida en el lugar que ella le había indicado, llevándose la sorpresa que se trata de la casa del propio brujo. Ño Shilve se sorprende y se alegra de ver a sus nuevos amigos, pensando que venían a agradecerle por la curación, cuando es desengañado por Pericles, quien le indica que más bien venían a pedir la mano de Meraida, pues según Bonifacio ya la había aceptado. El brujo, más sorprendido aún, asevera no tener ninguna hija con ese nombre, llamando de inmediato a las suyas: Dorila (Sindy), Tiburcia (Kathy), Teófila (Luz), Castinalda (Sheylla) y la menor de todas, Rebeca (María José, en tercer papel). Entonces es develado el engaño: Rebeca había mentido a Bonifacio, diciendo llamarse Meraida. El brujo la castiga muy molesto, apareciendo en defensa su esposa Lindomira (María). Esta le encara muy severa: “¡qué… acaso ya olvidaste cuando también me robaste!”. Esto termina por desarmar a Ño Shilve, quien no tiene otra salida que aceptar la situación, casi al punto en que el hermano de Rebeca, Nativo, viendo la alforja llena de ricos bizcochos y quesos termina por concluir “que se case nomás” y entrega figurativamente a la hermana. Finalmente, luego de los consejos respectivos –y amenazas– del flamante suegro hacia Bonifacio, se sirve la mesa y todo termina en gran celebración.

Hay que destacar la gran actuación del elenco: María José, Juanita, Manuel Martín, Alan; pero en especial la innata capacidad histriónica de “Barrabás”, quien cual Cantinflas chotano se ganó por completo al público trujillano, sorprendiendo al mismo César Gilberto, que entonces recién le conocía y a quien le regaló y autografió su poemario “Alma chotana”. Hay que ver cómo Atilano, muy sencillo como es y tan contento que ya no cabía en sí mismo, atesoraba y mostraba a todos el presente cual si fuera el premio a su participación.

César Gilberto, junto a Maggi, lucióse enseguida representando su propio poema “La lecherita”, hermoso cuadro costumbrista donde él representa al señor de la casa que corteja muy galantemente a la joven e inmaculada lechera, realzada en esta oportunidad por la natural belleza de nuestra embajadora montaña en Cajamarca.


En realidad, los trujillanos se sorprendieron de nuestra organización, que nos atrevimos a seguir adueñándonos del escenario, representando en seguida al “¡Ñinflas, ñanflas!”, exquisita estampa de Dn. Mario Mestanza Villacorta:

Pariatanta (Atilano) recibe el consejo de su abogado defensor Leónidas (Milton) de que se haga el tonto, el loco, el gafo… una vez cuando esté siendo inquirido por el juez (Alan) y el secretario del mismo (Manuel Martín), contestando a una pregunta ¡Ñinflas! y a la siguiente ¡Ñanflas! y así… logrando la absolución al declarársele orate.

Lo que el consabido abogado no espera es que al momento del pago, el taimado Pariatanta imprime la misma estrategia utilizada en la corte para deshacerse de su defensor.


Juanita puso el broche de oro, declamando el Poema El lustrabotas, con el que se cerró la actuación, sólo para preceder a la declaración de los stands ganadores.

En arqueología ganó Huamachuco, y en turismo… quién más… ¡Chota!; desatándose la euforia en el grupo de nueve chotanos de nacimiento, a quienes se sumó América, mi madre, y Miguel, mi hermano, más los ocho nuevos chotanos de corazón, bueno nueve, con el/la Montañita, que también vibraba desde el vientre de Jenny.


Fue un logro de todos. Pues, en Trujillo, terminábamos de colocar el nombre de nuestra Tierra en lo más alto y desde Chota, el resto de Montañas, al instante también nos felicitaban telefónicamente, junto con los del Curso de Liderazgo organizado por el Instituto Pedagógico conjuntamente con la ONG “Haren Alde” y el Instituto Libertad y Democracia, que, coincidente con el taller de la quincena, estaban al tanto de las ocurrencias de Trujillo e igualmente celebraban en Chota. Nunca olvidaremos la forma cómo cantamos, saltamos y sentimos nuestro “Cholo chotano” como sólo puede hacerse y sentirse en tierra ajena, sabiéndonos triunfadores, con ese sabor insuperable.


La celebración la continuamos en casa de la señora Gloria hasta bien avanzada la noche, cantando en más de una oportunidad nuestra trilogía: “Chota del ayer”, “Chota querida” y otra vez más “Cholo chotano”.

Al día siguiente, tuvimos una memorable despedida de nuestros amigos trujillanos en la arena de Huanchaco, donde incluso nos volvimos a encontrar con Savina Sánchez, quien continuaba grabando escenas para el video de su nueva producción musical, como aquella vez en el Bosque de piedras.


Y ahora, de vuelta en nuestra pequeña Atenas, recordamos con orgullo cómo los espectadores trujillanos llegaban a nuestro stand, viéndonos blandir machete, saboreaban nuestras semitas y cuyes, admiraban la finura y valía de nuestros ponchos, alforjas y sombreros, y terminaban por referirse a nosotros con una unísona frase de respeto: ¡Ah, estos son los chotanos!

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