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Aún es tiempo de empezar… parece, espero, ojalá. Estaba una mañana sentada en la cima de Querorco, y, pensando en la antigua hazaña de mi tierra, escribí:

La tía Lucha contaba, sentada en su mecedora, las historias que había pasado de niña, en la antigua hacienda de Bedoya… mis primos y yo la escuchábamos, sentaditos como tomar un té de lanche… las muñecas antiguas bailaban junto con los trapecistas… mientras al ritmo de la danza, el bombo y la corneta, sonaban animando el compás de la pista de baile.

Cuando de repente la pelota de medias se cayó por las escaleras de la vecindad, asustando al público; la sonaja saltó de un grito; disparó la escopeta por tan tonto chillido. Los pajarillos de madera resucitaron después de estar estáticos y salieron volando, juntamente la culebrilla plateada se disfrazó de reina y salpicó entre las ramas de la higuera… en fin, es mucho para tan poca cosa, exaltó la tía Lucha…

Ups, lo que pasaba es que Martín, mi primo más pequeño, se puso a rebuscar entre sus dinosaurios a esta amable culebrilla. Pero lastimosamente no la encontró… Lola, después de lo ocurrido, dio un grito feroz…


(…continuará).