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LA IDEA DE LA ESTAMPA

En setiembre de 2010, nuestros amigos visitantes trujillanos, estudiantes de turismo de la U.N.T., a quienes recibíamos en nuestra sede de “La Cabaña” para iniciar las caminatas y así cumplir con el Inventario de los Recursos Turísticos del Distrito de Chota, se sorprendieron ante la calidad declamativa de María José, Germán, Juanita Cusma y Héctor padre, que no dudaron en invitarnos a Trujillo para cuando presentasen su trabajo en el Workshop del 9 de octubre del mismo año.

La idea nos pareció genial, decidiendo nosotros aprovechar el viaje no sólo para llevar poesía, sino todo el potencial Montaña, es decir fotos y videos ecoturísticos, música y artesanía chotanas, vestimenta y comida típicas, y -¿por qué no?, nos dijimos- una estampa costumbrista; siendo esto el inicio de una aventura que no la habíamos planeado, pero que nos depararía inusitadas satisfacciones.

Apelamos a la capacidad dramática de Germán Blanco, quien nos preparó en seguida tres guiones con los temas que el grupo había elegido: La Cuda, El pediche y Las Rondas Campesinas; iniciando los ensayos de inmediato, y como quien dice jugando, en el primer piso de la nueva casa de Juana Vásquez. Así, ensayo tras ensayo, cada integrante del grupo fue dándole el toque personal a su personaje respectivo.

La historia de “La Cuda” fue asumida en el protagónico por María José como un reto, caracterizando a una chica campesina, Meraida, quien se halla pastando sus ovejas como aprovechar el tiempo para avanzar su hilado; cuando aparece en escena un desfachatado Bonifacio (Atilano Edquén), quien a primera vista se enamora perdidamente de ella y no pierde el tiempo en cortejarla. La chica, que se resiste al inicio y ante tanta insistencia, le acepta finalmente e inician una serie de furtivos encuentros amorosos, hasta aquel día en que la Cuda (María José, en segundo papel), aprovechando la idealización que Bonifacio ha hecho de Meraida, y tomando la imagen de la chica, se le aparece, lo enamora y trata de llevarle a su reino en la misteriosa laguna. En este trance es descubierto Bonifacio y a la vez rescatado por su padre (Milton Antezana) y luego por su madre (Juana Cusma), quienes, comprendiendo que su joven hijo se ha vuelto loco al ser tentado por la Cuda, lo conducen de inmediato para que sea curado por el brujo Ño Shilve (Germán Blanco), quien lo atiende ayudado de su esposa (Juana Vásquez) y de sus hijos y rambas (Danilo y César Sánchez), procediendo a limpiarlo con maja incluida y llamada de ánimo en el cerro malo hasta lograr que Bonifacio recobre la cordura. Ya, pasados los días, en el próximo encuentro entre los jóvenes, él se asustará mucho de ella, creyéndola nuevamente la Cuda, mas Meraida sabrá convencerlo que no es así; entonces se jurarán amor eterno y marcharán juntos y muy felices para siempre.

El melodrama de “El Pediche”, contaba con la presencia de otros montañas que se sumaban a la naciente aventura del teatro: María José era la pretendida, hija de Germán y Juana Vásquez; Atilano, el novio que va acompañado de sus padres, Milton y Juanita, a realizar el pediche o pedida de mano de la chica a casa del padre. Se arma el lío entre todos ante tal petición inesperada, sazonado por los celos exacerbados de los hermanos de la pretendida (Alan, Jéiner, Danilo y César), quienes amenazan a Atilano y encaran a su hermana el intentar cambiar al hijo del hacendado por este tipo. En fin, luego de las discusiones, los padres convienen en el arreglo, agradados por los bizcochos y quesos que entrega la madre del pretendido novio y demás ofrecimientos de una interesante dote. Y no se diga más, Germán da su consentimiento, se tiende el poncho y todos aprovechan los bizcochos y quesos, se da rienda suelta al cañazo y se bendice la nueva unión.

Valga la aclaración que, ante los contratiempos que explicamos luego, esta segunda estampa iría poco a poco anexándose como complemento de la primera, terminando por utilizarse hasta a los mismos personajes.

La tercera estampa, la referida a las rondas campesinas, Germán la intituló “La justicia campesina” y cuenta la historia de una chica que cae en las manos de un mal juez, Calvay, quien la acorrala conminándola a acostarse con él a cambio de liberarla de sus apuros judiciales. Esto comunica ella a la base rondera de su comunidad, donde deciden darle un escarmiento al taimado juez, a quien sin embargo ya le están cebando desde hace buena fecha. La chica aparece de nuevo por el despacho judicial aparentando su decisión de complacer los favores de Calvay, además de llevarle como agradito una gallina, cuando es abordado por un grupo de ronderos que sojuzgan al bribón arrastrándole de la corbata, para subirlo en un burro y luego de pasearlo por el pueblo expulsarlo del mismo.

Hay que decir que para esta tercera escenificación necesitábamos de más actores y mayor tiempo para la preparación del mismo, de manera que preferimos postergarlo tomando en su lugar la conocida estampa de Mario Mestanza Villacorta titulada “Ñinflas, ñanflas”, la misma que narra las ocurrencias de un consabido abogado (Milton), quien a su defendido Pariatanta (Atilano), encausado que está en peligro de ir a la cárcel, aconseja la estrategia de hacerse el loco cuando se encuentre ante el juez (Germán); Pariatanta así lo hace y el magistrado lo libera de toda culpa, considerándole orate. Lo gracioso está cuando el abogado pretende cobrar sus honorarios debidos y el taimado exculpado le paga con la misma moneda, es decir diciéndole “Ñinflas… ñanflas”.


TALLER DE TEATRO “MONTAÑA”

A este pequeño grupo dentro de la Asociación empezamos a llamarle Taller de Teatro “Montaña”, continuando noche a noche los ensayos en la misma casa, contando con el apoyo en la producción de Ángel Salvador, María y Gilberto “El Rojo”.

Por aquellos días pre-electoreros también nos visitaron los montaña residentes en Chiclayo y Cajamarca (Iván, Littman, Maggi y Héctor hijo) junto con algunos de sus compañeros, y con ellos convenimos, aprovechando el viaje, coordinar una gira que incluya una presentación en la Universidad de Cajamarca a la ida y otra en la de Chiclayo a la vuelta de Trujillo. Un candidato electoral al municipio de Chota, enterado, nos ofreció su combi para nosotros ponerle el combustible, ofreciéndose esto como una ganga, porque de esa forma podríamos realizar la gira hasta dieciséis montañas a un costo de 30 soles cada uno, ida y vuelta. Este ofrecimiento nos animó sobremanera, preparando todo el resto de la caravana que complementaría lo puramente teatral.

Las elecciones municipales se realizaron el domingo 3 de octubre, mientras recibíamos la noticia desde Trujillo por medio de Sindy que el workshop había sido aplazado del día 9 para el sábado siguiente, el 16. Bueno, esto nos daba más tiempo para la preparación y como que un poquito aflojamos las cosas, cuando dos días después nos volvió a llamar Sindy diciendo que lo del aplazamiento había sido falsa alarma. Nosotros nos habíamos adelantado a decirle al candidato sobre la postergación, y con la nueva modificatoria pues, aparte que no había logrado ningún resultado favorable en las elecciones, le dimos pie a desentenderse de su ofrecimiento. Ni modo, tuvimos que asumir el reto personal de nuestra participación, volviendo a acelerar las cosas, y ya que nos quedaban sólo dos días para la presentación y con tales complicaciones, pudimos viajar sólo cuatro montañas: Milton, María, María José y Atilano. Lo bueno es que Juanita, Alan y Omayra ya estaban en Trujillo por motivo de las elecciones y ya habíamos confirmado la participación de Maggi desde Cajamarca y de César Gilberto desde Lima; con ellos seríamos nueve a la hora de la verdad, más los ocho chicos trujillanos responsables del workshop.

Con estas complicaciones, desestimamos la gira por Cajamarca, viajando a Trujillo vía Chiclayo la noche del jueves, llegando el viernes 8 en la mañana a casa de Juanita en inicio, trasladándonos luego a casa de Elizabeth Imaña, quien nos había ofrecido alojamiento cuando nos conocimos en Chota el domingo último, día de las elecciones. Ella, junto con su mamá, la señora Gloria, fueron excelentes anfitrionas, tanto que nos facilitaron el tercer piso de su casa para hacer el ensayo final del teatro y hasta la azotea para preparar los cuyes y los chicharrones que complementaban las muestras de la comida típica. Maggi había llegado con el ocaso desde Cajamarca, poniendo de inmediato manos a la obra. Para el último ensayo recibimos también el apoyo de Manuel Martín, el mayor de los estudiantes trujillanos, quien tuvo que asumir el papel de brujo en lugar de Germán, quien no pudo viajar.


WORKSHOP DE LA U.N.T.

Llegado el día de la verdad, sábado 9 de octubre, temprano fuimos a la plazuela “San Agustín”, lugar del evento, donde nos encontraríamos con el resto de los trujillanos. Ericka y Jenny, con la montañita –léase bebé– en su vientre más pronunciada, habían sido las primeras con quienes nos reencontramos; luego aparecieron Manuel Martín y Danny y en un taxi las demás chicas: Sindy, Kathy, Sheyla y Luz. Personalmente, yo “ahorqué” a Sindy por habernos confundido con el cambio de fechas, alterado las cosas y ponernos en apuros; pero ella con su simple sonrisa característica lo arregló todo. No había tiempo para más reprensiones y en seguida todos ayudamos a arreglar el stand con las fotos, banners, maquetas, artesanías, textilería, platos y bocaditos típicos que entre chotanos y trujillanos ayudamos a disponer y complementar. No miento al decir que los otros grupos concursantes nos miraban la cantidad de cosas y gente que teníamos a disposición.


A media mañana, nos llamó Alan para terminar de darle la sorpresa a Sindy, con quien estaban de amores desde el día en que realizamos la exploración dentro de la gruta de Negropampa y a la misma que mentimos que él no había podido venir. Eso justo le estaba diciendo a Sindy, quien se puso muy triste, cuando enseguida le advertí: “¡Un loco, un loco!”, señalando tras de ella. Ya imaginarán el grito que pegó antes de volverse y encontrarse con Alan que la esperaba con un ramo de flores. El amoroso reencuentro fue atestiguado por toda la plazuela que reaccionó ante el grito.


La mañana se animaba mientras todos los stands enlucíanse cada vez más y recibimos la visita de Omayra, estudiante en la UPAO, quien nos dejó su traje típico, pero que no pudo quedarse por tener examen en la próxima hora.

El arreglo de los stands continuaba su marcha incesante cuando recibí la llamada de César Gilberto, acudiendo con Manuel Martín por él para acompañarlo desde su hotel a sólo tres cuadras pasando la plaza de armas. Cuando volvimos me doy con la sorpresa que todos habían dejado solita a Luz a cargo del stand, afanados en prepararse para la actuación; cuando los tuve en frente recuerdo que les dije: “¡Caramba, acaso creen que están en Chota para botar las cosas así por así!”; y en seguida todos reparamos en los costosos telares que nos habían prestado en CETUR y hasta las chalonas, alforjas y el sombrero de mil soles que había conseguido prestado Ángel Salvador, aparte de mi mochila con la filmadora. Ese día supimos que a una profesora le robaron su laptop, aunque también comprendimos que los amigos de lo ajeno se habían abstenido de tocar nuestras cosas, pues tanto Alan como yo estábamos enfundados en ponchos y sombreros y blandiendo de cuando en cuando nuestros briosos machetes.

María me comunicó además que también había llegado un nutrido grupo de representantes del Centro Chotano de Trujillo y habían querido ya su cuy con papa, pero se les había explicado que aún no pasábamos la calificación.

Acto seguido, representando a nuestra provincia, fuimos invitados a la tribuna oficial el Dr. Napoleón Cieza Burga, Presidente del Centro Chotano de Trujillo, el Dr. César Gilberto Saldaña Fernández, representante de las letras chotanas y Embajador Montaña en Lima y quien suscribe en calidad de Presidente de A.C.E.R. “Montaña”; dándose curso a la ceremonia de inauguración oficial del evento y desarrollo del mismo con la presentación respectiva de danzas y cantos correspondientes a disímiles distritos distribuidos y elegidos en cada departamento del norte de nuestro país, entre Tumbes, Piura, Lambayeque, La Libertad, Ancash, Cajamarca, Amazonas y San Martín. También se dio inicio a la calificación respectiva de los stands y como nosotros estábamos entre los centrales nos dimos tiempo para darle los toques finales, mientras nos preparábamos para la participación poético-teatral.


ESTRENO DEL TALLER DE DECLAMACIÓN Y POESÍA

Así, nuestra participación la inició épicamente María José con la declamación del poema “Alma chotana”, que se lo dedicó allí mismo a su autor César Gilberto Saldaña Fernández, estrenándose con fuerza y valor en tierras lejanas nuestro Taller de Declamación y Poesía.

César Gilberto, nuestro querido vate chotano y montaña hizo su participación en seguida al representar el poema costumbrista “La lecherita”, también de su autoría, a dúo con la naturalidad, frescura y belleza de Magaly “Maggi” Gamonal, adecuadamente ataviados como el señor de la casa que corteja galantemente a la hermosa lechera que llega cada día con su fresco producto del campo.

María José volvió con el jocoso poema también costumbrista “El cholito Domitilo”, de Marco Carvajal homenajeando a Magnito Tirado Bazán, autor de la primigenia comedia homónima, y esta vez acompañado por Atilano “Barrabás” en la mímica, lo que arrancó las primeras risas del respetable.


ESTRENO DEL TALLER DE TEATRO

Entonces llegó el momento del estreno de la obra del Taller de Teatro “Montaña”. Juro que hubiera querido que aparecieran mágicamente Germán, Juana, Danilo, César y Jéiner, quienes no pudieron viajar, y cualquiera de ellos realizar mi papel con mayor resolución. Volví a recordar que mi única experiencia de haber estado frente a un público había sido en la escuela 61 cuando niño al leer una noticia; pero allí ya no tenía otra opción sino la de realizar mi participación de acuerdo a lo ensayado. Meraida (María José) y Bonifacio (Atilano) ya habían terminado la primera escena de “La Cuda”, y ahora mismo Bonifacio representaba la segunda, pensando obsesivamente en su amada, cuando escucha la voz de la hermosa Meraida llamándole y apareciendo ella en forma algo extraña para intentar llevarle en seguida bajo encanto al centro de la laguna y así desaparecerlo;

cuando a mí, como padre y luego de advertir de lejos a Bonifacio hablando solito y perdiendo el tiempo en lugar de terminar su faena, me llegó la hora de ingresar en escena reprendiéndole y rescatándole sin saber del arrobamiento. El escenario me esperaba y… toda la plazuela reunida. Lo pensé otra vez, nunca lo había hecho en público. Juanita me alcanzó una copa de vino más y entonces me dije: “¡Carajo, acá nadie me conoce, si me equivoco, qué miércoles…!” y salí con una determinación inusitada, animándome al instante la respuesta afirmativa del público, que celebraba las ocurrencias de Atilano (Bonifacio) cuando yo intentaba alejarlo de la laguna, por donde él insistía había desaparecido Meraida. De pronto yo mismo fui despertado por la impetuosa aparición de Juanita, como mi esposa y mamá de Bonifacio, incriminándome “¡¿Qué le has hecho a mi hijo?!”. “¡Qué le voy a hacer mujer, se hace el loco por no trabajar!”, resolví mi parlamento. “¡La Cuda, lo ha tentado la Cuda, hay que llevarlo a que lo cure el brujo!”. Luego de los jalones y las risotadas del respetable, a empellones salimos camino del brujo y fin de la segunda escena. No había tiempo para reparos, teníamos que volver a ingresar, jaloneando a nuestro hijo; nos animaba el gozo del público que aprobaba nuestra presentación.


Así, la tercera escena fue la sorpresa de los compañeros de Manuel Martín, que festejaron su papel como brujo, el mismo que fue realizado en la forma de un chamán costeño, lo que resultó más entendible para la ocasión. Alan, como único ramba, resolvió bien su participación con un ensayo previo sólo minutos antes de su ingreso en escena. Entre los dos curaron a chicotazos a Bonifacio, mientras la madre rogaba que ya no lo maltraten… y el ramba respondía: “¡Así es el tratamiento, señora!”.

Luego vino la escena del reencuentro entre los jóvenes, cuando Meraida convence a Bonifacio que en realidad es ella y no la Cuda y luego ellos se van contentos y fin de la historia… Pero no, en el ensayo de la noche previa, ante la carencia de actores, apelamos a la genial idea ya maquinada durante los últimos ensayos en Chota de enlazar la historia de La Cuda con la de El pediche, utilizando incluso a los mismos personajes. Así resultó que Bonifacio acompañado de sus padres llegan a casa de Meraida que no es sino la misma donde Ño Shilve curó al encantado; el brujo se lleva la sorpresa de haber curado al muchacho y hasta haberle enderezado la suerte para que conquiste a su amada, sin esperar que ésta sería su propia hija.

Entonces había que resolver otro pequeño problema, pues él aseguraba, entre molesto y sorprendido, no tener ninguna hija con el nombre de Meraida; y en esta resolución Ño Shilve fue llamando una por una a través de Nativo (Alan), su ramba e hijo, a todas sus hijas. Así sorprendimos a Kathy, Sindy, Sheyla y Luz, representando a las hijas y haciéndolas subir al escenario aprovechando que estaban con atuendos típicos. Al final, claro, fue llamada la más pequeña de todas, Rebeca (María José, en tercer papel), quien había fingido a Bonifacio el nombre de Meraida. Resuelto el engaño, Ño Shilve propina una tunda a Rebeca, pero al fin y al cabo tiene que ceder ante las exigencias, pues ella y Bonifacio ya llevaban una relación establecida y demuestran a todos que realmente se aman. Entonces el padre da su consentimiento, dándose rienda suelta a la comilona y a la celebración.

Así, como taller, pasamos la prueba, la aceptación del público fue general, les gustó y quedaron impregnados de nuestra particular versión de nuestro mito chotano favorito. Tras bambalinas –mejor dicho, tras el stand– lo demás fueron gritos, felicitaciones, abrazos y saltos de alegría.


GANADORES DEL WORKSHOP 2010

Esto nos dio pie para presentar con igual éxito la comedia “Ñinflas, ñanflas”,

con la seguridad ganada, más en el caso mío,

y cerrar nuestra presentación con broche de oro con la participación de Juanita Cusma y la fuerza que le caracteriza con el poema “El lustrabotas”, sólo antes de escuchar que nuestro stand CHOTA era el ganador del workshop. En realidad, ya lo sabíamos, pues habíamos dado todo de nosotros para presentar el mejor stand con lo más representativo de la producción chotana, agregada de su CULTURA VIVA que acabábamos de ofrecer con gran acontecimiento.

La alegría de todo el grupo, entre chotanos de nacimiento y chotanos de corazón, se extendió hasta la celebración en casa de Elizabeth hasta bien entrada la noche y la despedida el domingo con un día de playa inolvidable en la arena de Huanchaco, donde hasta nos volvimos a encontrar con nuestra amiga y paisana Savina Sánchez, quien continuaba con las grabaciones para su nuevo video clip, al igual que cuando le ayudamos con este mismo grupo aquel día que visitamos el Bosque de piedras de Chucumaca y la gruta de Negropampa.

Estos dos días terminamos de conocer en su magnitud la sencillez de un gran chotano como César Gilberto, quien compartió toda nuestra locura de haber conquistado aunque sea por un día al público trujillano con lo mejor de nuestra identidad chotana.

Esa tarde del domingo 10 de octubre volvió a Lima muy contento y agradecido de ser un integrante más de “Montaña”. Maggi también ya había adelantado su viaje por la mañana de regreso a Cajamarca.


LA EXPERIENCIA DE PÁTAPO

Por último, el retorno nuestro a Chota lo hicimos el lunes 11 por la mañana de nuevo vía Chiclayo. Todo seguía a flor de piel, nos sentíamos capaces de presentarnos en cualquier escenario y recordamos qué bonito hubiera sido si hubieran salido nuestros planes con aquella gira. Y ese mismo día tuvimos nuestra propia pequeña revancha respecto a esto, al realizar una nueva presentación impensada de “Alma chotana” y “El cholito Domitilo” en el aula que acogiera por algo más de un mes a María José, cuando ella con su madre tuvieron que dejar Chota para radicar en Pátapo, un año y medio atrás. El director, profesores y compañeros del Colegio “José Domingo Atoche” la reconocieron, y yo jamás olvidaré, mientras ella y Atilano realizaban su performance, el rostro de los jóvenes contemplándolos y la ovación consecuente que nos acompañó hasta Chota.

Mi cumpleaños número 39, a las cero horas del martes 12 de octubre, lo recibimos en viaje por algún lugar del inmenso distrito de Llama.

En la siguiente asamblea de informe y evaluación de la actividad cumplida, luego de haber recibido el abrazo de nuestra tierra, se nos añadió el aplauso y la felicitación de todos los montaña, quienes habían seguido paso a paso vía celular el triunfo de Trujillo. Llegamos vencedores y aclamados, pero con nuestros bolsillos ciertamente perdedores, es verdad, que puntualicé: “El dinero, la deuda, son efímeros, mañana mismo ya no nos acordaremos de ellos; pero, eso sí, la gloria de haber dejado el nombre de nuestra tierra en lo más alto y que otros la aclamen, eso no se olvidará, salvo logrando otra hazaña mayor”.

El triunfo en Trujillo ha quedado impregnado para siempre en nuestra mente y corazón, porque marca el inicio con reto de nuestros talleres o elencos de declamación y poesía y de teatro, que luego con el desarrollo de los mismos tomarían su respectivo nombre.

continúa en.. Magnitos y Anaximandros (Parte II)