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El Grupo Cultural “A.C.E.R. Montaña” – Chota, advirtiendo la trascendencia de la identidad chotana ha tomado la iniciativa, con motivo de los 460 años de fundación española, de convocar al “Primer Festival de Pechada y Yaraví”, en el marco del Programa General denominado “Canto General a Chota”, que también incluye la presentación de pequeñas piezas de teatro popular, concurso de dibujo y pintura, denominado “José Santos Fernández Marlo”, homenaje a los actores de la Película “Los Ronderos” y presentación del poemario del rondero Juan Evangelista Rojas Coronel.

Siendo el canto un fragmento de nuestra historia, es oportuno indicar que nuestras fibras formativas se proyectan hasta la época de culturas originarias prehispánicas que florecieron en estos lares como la de los Wambos, Chutas, Coremarcas, Llaucas, Quishpe, Sapuy, entre otras. Con el transcurrir del tiempo, el canto tradicional en esencia no ha perdido su valor histórico y sabor andino. No obstante la influencia de géneros occidentales, este canto siempre late y se armoniza con el alma de la madre tierra, con la inconmensurable libertad del cosmos, con el sorbo de agua que nos vuelve a la vida, con la humanidad del hombre que deja un legado en el transcurrir infinito del tiempo.

Estudios antropológicos y etnográficos han llegado a la conclusión de que el Yaraví es un género musical mestizo que proviene del “harawi” incaico y se expande por gran parte del Perú, siendo  Arequipa, Ayacucho, Cuzco y Huánuco, los departamentos donde se cultiva con más arraigo. Este canto se emparenta con el “triste” de La Libertad, Lambayeque, PiuraCajamarca. Originalmente, el harawi indio prehispánico era un canto ritual elegíaco, de despedida o fúnebre, no sólo constreñido a lo amoroso; se acompañaba con la quena o flauta de hueso. El yaraví mestizo, cristalizado a comienzos del siglo XIX, se hace más romántico, ligado a las nostalgias del amor distante o perdido.

Desde este enfoque, convocar en Chota al Primer Festival de “Pechada y Yaraví” para recrear el típico susurro y aire chotano es adentrarse en uno de los atributos de nuestra ancestral historia y agitar sentimientos. En nuestra tierra, el yaraví se canta con solemnidad y diáfana inspiración, que sólo el artista sabe expresar. El yaraví despierta emociones, aviva razones, conmueve el alma y nos plantea retos a vencer. El yaraví o triste, en la versión chotana, después de ser cantado dos o tres versos, dialécticamente el artista irrumpe en un final de estribillo de alegre tonada de huayno que infunde valor para batallar, que anuncia el renacer desde las cenizas, que diseña su desafío al tiempo y al infortunio. A través del yaraví el artista participa de la construcción dialéctica de la filosofía, transmite la cosmovisión de la vida y del tiempo, afirma el significado trascedente de la fe y la obra del hombre. Asimismo, la “Pechada”, que a modo de recitación cantada, es el tierno triste de un solo verso. Siendo constructor básico del Yaraví, trata temas de la vida en sus diversas facetas, motivos y significados. Las pechadas, cantadas por hombres de campo al ser tocados por una especial circunstancia de despedida, de ingratitud o desafío al destino le bastan una corazonada y algunos fulgores de artista, para levantar su romántico canto.

Pechada y Yaraví, habitualmente cantado en dúo y sin acompañamiento musical, constituyen el inmortal y sentimental canto popular, que no sólo es expresión romántica, sino que además su tonada es la silenciosa palabra de los apus, es el silbido del viento hecho verso, es la frescura del agua fluyendo en cada canción, es el trinar de los alegres pajarillos del alba, es el compás de los pasos de pies encallecidos, es el despertar de la conciencia y la vida misma hecha canción.

El canto del Yaraví y Pechada, en el “Canto General a Chota”, constituye la original manera de afirmar nuestra identidad y orgullecer a nuestra gente. Es el canto de aliento para luchar por lo que soñamos como destino para nuestra tierra. Es un canto que todos los chotanos siempre debemos cantar.