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VIZCAMAYO, EL GUERRERO DE MAYO

El día de la madre nos trae sorpresas, es momento de reencuentros, de abrazos y besos; pues vuelven para saludar a sus progenitoras los montaña-embajadores o de la llamada legión extranjera, bueno de Lima, Trujillo, Chiclayo y Cajamarca en este caso. Un día en Chota, luego de pasarse todo un año fuera de ella, es un tesoro, por lo que hay que explotarlo al máximo. Y en mayo el otro insuperable reencuentro es con Vizcamayo.

Vamos entonces a él para disfrutarlo con desmesura.


Nuestro invierno chotano, que va despidiéndose, nos regala un día esplendoroso de sol, cielo azul y blancas nubes incomparables, tan deslumbrantes que en Chuyabamba alguien olvidó encendida la luz eléctrica.


El Condorcaga (Kunturcacca: Cumbre de los Cóndores) se muestra como siempre majestuoso y en estos días ataviado de perla (mote-mote) y esmeralda. Pero nuestra meta, a su costado derecho, es Vizcamayo; el mismo que se manifiesta a lo lejos con un musical sonido de brillante agua portentosa.


Vizcamayo es la más impresionante de las caídas de agua del distrito chotano, que ahora consta de tres cascadas: una superior con una fuente (temida y conocida por los lugareños como el perol) que inspira indubitablemente a mansión de nuestra ninfa favorita (la Cuda),


una cascada intermedia pequeña que va labrándose en la roca y una inferior con estrépitos de duendes estrellándose lúdicamente en el fondo del precipicio.


Llegar hasta la base de toda la caída es aventura, sacrificio de pies descalzos resbalando y marcándose en las punzantes rocas y liberación del espíritu que hace de la naturaleza eterno consorte.

Ascender hasta la fuente, luego de acompañar cada golpe que va blanqueando más el agua, es arribar al paraíso… un paraíso a la vez que eternal, efímero.


De lo bueno, poco; de ese poco, todo… tal debe ser la consigna con esta maravilla natural de los Akunta.


El Vizcamayo, hijo del olímpico Iroz, es enviado por su padre sólo por una breve temporada al año, cuando las lluvias arrecian en la fila (cumbre). Entonces es el momento de regocijarnos con su rugir de guerrero y su esplendor de plata. Abril son aguas mil y para reencontrarnos con Vizcamayo la mejor temporada sin duda es mayo.

Esto nos hace plantearnos una hipótesis: La existencia de un reservorio natural de agua dentro de la cordillera del Iroz, la misma que recepciona los torrentes fluviales que se inician en setiembre u octubre y se acrecentan entre enero a abril, mes este último en el que rebosaría su capacidad, permitiendo la manifestación de la quebrada de Vizcamayo  desde las alturas  mencionadas y, por supuesto, la presencia de la impresionante y hermosísima caída de agua del presente artículo. Sustenta esta hipótesis el tremendo río subterráneo que aflora en el propio río Chotano a la altura de La Chorrera o el Velo de Novia, pasando el puerto de Lajas, el mismo que arrastra ocas y ollucos provenientes de la altura del Iroz, según narración de los propios pobladores del lugar, y que es materia de particular investigación.

Al Vizcamayo, también se le puede visitar por la ruta de la exhacienda  de Churucancha, siguiendo la trocha carrozable hasta el lugar de la Piedra Horadada o Piedra con Ojo. Luego la caminata y el oído nos llevan hasta la fabulosa caída de agua, luego de atravesar un pequeño manantial encauzado artísticamente y la diversidad de flora verde y muy colorida, como de costumbre en mayo, mes que determina el inicio del estío, pero al que la naturaleza le dota muy pródigo.


Al final de la jornada, el día nos regala un delicioso cielo chotano y el perfil de la cabeza de un oso panda enclavada en el pecho de Condorcaga. Pequeños detalles o pequeños caprichos de nuestra naturaleza.