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viene de… Magnitos y Anaximandros (Parte II)

EL PEDICHE DE LA CUDA


Para esta presentación, por segundo aniversario, de nuestra comedia por aquellos días favorita, Juanita Cusma tuvo la genial idea de utilizar el pequeño espacio del copiador en la parte delantera del escenario del teatrín de la Casona Sanjuanista, para que por allí caiga Bonifacio a manera de sumergirse en la laguna, mientras la Cuda desaparece al son de un ligerísimo juego de luces.

También ideamos junto con Juan Martín un artificio inconfundible que personaliza a nuestra Cuda, que incluimos en una escena extra luego del baile de amanecida como producto de la aceptación tras el pediche. En esta escena, trabajada en penumbra, se les ve finalmente solos a Bonifacio y Meraida reafirmándose amor eterno y haciendo planes con sus futuros hijos, cuando él comienza a advertir en ella una nueva y horrorosa metamorfosis… desde la voz que una vez le llamó en la laguna, el cabello que en ella se torna dorado, la mirada que ilumina la noche, unos dientes de espanto y, para terminar de volverse loco, la pata de gallina… –el artificio de que hablábamos y nos ingeniamos en elaborar y presentar en esta noche de teatro–, la misma que termina por descubrir a la Cuda, quien se ha presentado otra vez tomando la apariencia de Rebeca (o Meraida).

Bonifacio entre tropezones de pavor escapa por entre el público clamando el auxilio de Gerundia (Juana Cusma), su madre, mientras la Cuda desairada, entre llorosa y enamorada, queda echándole maldiciones arrastrando su deforme pata, causando la sorpresa y el terror en el espectador.

El epílogo de la obra nos presenta mágicamente a Bonifacio de nuevo en escena al borde de la laguna, en el mismo espacio del copiador, cantando enajenado pero feliz su amor inalterable por Meraida. Pasa entonces Rebeca con su hermana Dorila por el camino y al ver a Bonifacio, así loquito, llora por su estado echándose la culpa de la demencia del joven al haberle ella mentido llamarse Meraida. Por último pasan la madre, Gerundia, y la pequeña hermana, Magnita Victoria, quienes lloran desconsoladamente tratando de recuperar la cordura perdida del buen Bonifacio, quien prefiere quedarse en el lugar y seguir cantándole eternalmente a su Meraida.

Se cierra el telón.


A estas alturas de la denominación como Don Magnito del taller de teatro, las situaciones como los nombres de los personajes y sus características ya habían tomado también su forma definitiva, como el nombre del padre de Bonifacio, Pericles –o Periclito, como cariñosamente le llama Gerundia–, encarnado por mi persona. La misma Gerundia (Juanita Cusma) y la mencionada Magnita Victoria (Nayeli), madre y única hermana de Bonifacio; Dorila (Liliana Campos o Cinthia Núñez), la hermana de confianza de Rebeca; Ño Shilve (Germán Blanco) y su esposa Ña Lindomira (Juana Vásquez), quien terminó por descubrirnos una noche de ensayo la linda voz que posee para el canto, especialmente, en las pechadas; Nativo (Danilo Sánchez) y Venshe (César Sánchez) los hijos y rambas. También habían participado en el grupo los niños Ángel Vásquez Briceño y Delvis Delgado Ochoa en los papeles de Fidencio y Clementino, hermanitos de Meraida, a quienes en la primera escena el padre les ha confiado su cuidado y aparecen ayudando en la siega mientras ella avanza el hilado. Se suman los personajes de Tiburcia, Teófila y Castinalda, tres de las siete hermanas que complementan el linaje de Rebeca.


MARTHA: LA GOLONDRINA QUE VOLÓ AL CIELO


Para la víspera del día de la madre, el 7 de mayo, Anaximandros y Magnitos fuimos solicitados por el Programa Vaso de Leche de la Municipalidad para presentar algunos números. De inmediato con el Grupo de Producción Literaria “Montaña” maquinamos la historia de “Martha: la Golondrina que voló al Cielo”, tragicomedia que narra las penurias de una madre (Juanita Ramírez), que al tiempo que lleva en silencio un terrible mal tiene que soportar el abuso de su alcoholizado marido, Andrés (Germán Blanco), desobligado que anda para arriba y para abajo con su compadre Antuco (Atilano Edquén), igualmente empedernido borracho. El desgobierno en casa ha alcanzado a los tres hijos: el mayor Jenri Maicol (Jorge Fernández), malcriado a cual más y protegido de su padre, Andrius Yunior (Leonel Mejía), el único comprensivo con su madre y Carolain Estéfani (María José), quien se las arregla para estar de fiesta en fiesta con sus amigas, como aquella noche final que sin hacer caso de su madre sale a la calle desafiándole: “Vieja, ya estoy grande y me sé cuidar sola, bye, no me esperes, que voy a llegar tarde”.


José (Milton Antezana), buen hermano de Martha, es testigo de cómo se pelean los hermanos y son llevados detenidos por el comisario (Nórvil González) y los oficiales (Joel Cobeñas y César Blanco), mientras María (Juana Vásquez), la cuñada de Martha, da aviso a su hermano Andrés procurando que éste la castigue por no haber hecho nada para evitar se los lleven a los muchachos.


Cuando los hermanos son liberados y el marido vuelve a casa dispuesto a golpear a su esposa, los tres encuentran a Martha desfalleciente y al punto muere recomendando a su esposo el cuidado sobretodo de su hija que aún no vuelve de la calle. Carolain llega cuando el llanto consume a padre y hermanos y al ver a su madre muerta le grita desesperada: “¡Mamá, no te mueras mamita, no me dejes, no ves que aún soy chiquita!”.

La triste historia se desenlaza cuando, pasado el tiempo, se le ve a Andrés realizando las tareas domésticas luciendo mandil y escoba, al tiempo que rechaza la copa de aguardiente a su compadre Antuco, aconsejándole al mismo dejar el vicio y aconsejando al público el portarse bien con la familia. Entra en escena José para llevarse consigo a Andrius para que termine sus estudios en Lima, al tiempo que Andrés, agradecido, le cuenta que Jenri Maicol ya prospera un negocio en Chiclayo. Finalmente, apurada se despide Carolain pulcramente vestida para ir a su primer día de labor como secretaria, gracias a su tío José que le ha procurado el trabajo.

Antes de cerrarse el telón, Antuco se sincera que bebe de esa forma debido a que Cirila le había dejado un día por irse con otro y canta una pechada final que hace llorar y reír al mismo tiempo al respetable.


Esta tragicomedia nos reveló a Juanita Ramírez en el papel de Martha con una excelente vena dramática, terminando de asimilarse al grupo como una más de Los Magnitos, junto con Leonel y Jorge como los hermanos peleones y Nórvil y Joel como los oficiales de policía. Esta obra que, si bien es cierto, la estrenamos en el auditorio del Complejo “Akunta”, que no presta las condiciones para un buen desarrollo teatral, la repusimos en el teatrín de la Casona Sanjuanista con motivo del recital en homenaje al Sesquicentenario del Colegio Nacional “San Juan”, la noche del 15 de mayo con un resultado mucho más auspicioso. También la realizamos cuando fuimos invitados a las celebraciones por el Aniversario del colegio “Santa Rafaela María” (donde María José sorprendió a sus compañeros de estudio caracterizando a la desenfrenada Carolain), la noche del 29 de mayo, y por último cuando acudimos a Conchán invitados a las celebraciones por el 30° Aniversario del Colegio “José Carlos Mariátegui”, la noche del 7 de julio.


CONCHÁN: LA FIESTA DEL TEATRO


Magnitos y Anaximandros fuimos convocados a Conchán por el profesor Manuel Bautista Mestanza, con motivo del aniversario del colegio. Viajamos la tarde del jueves 7 de julio, contando con la presencia de María José, Atilano, Nayeli, Juanita Cusma, María, Juana Ramírez, Felipe –hermano de María– y quien suscribe, encontrándonos con el profesor Adán Díaz Torres y uno de sus hijos, quienes decidieron apoyarnos y actuar con nosotros por la noche en la presentación del melodrama “Martha, la Golondrina que voló al Cielo”. Esa noche también hicimos una versión recortada de ¡Ñinflas, ñanflas!, donde se lucieron Juanita Cusma en el papel de la violada Linda Flor y Juana Ramírez como la Juez. Y aunque la cita era sólo para teatro, Nayeli y María José entregaron su arte de la declamación como buenas Anaximandro.


Hay que felicitar al profesor Manuel por el trabajo desplegado en Conchán al frente del teatro, que se ha convertido sin exagerar en la fiesta cultural del distrito. Hay que ver cómo los jóvenes, junto con su maestro, han adaptado el escenario en un espacio del mercado municipal con telón de fondo y telón corredizo –halado por dos de ellos mismos, pero que funciona a la perfección–, hay que ver como la gente forma su cola, paga su boleto complacida e ingresa, llena y disfruta del espectáculo, convencida que será de calidad, y hay que ver los grupos teatrales formados en Conchán que aseguran el arte de las tablas.


PAMPACANCHA: ETERNOS ALVERJALES DE AGOSTO

No me equivoqué cuando hice contacto con el Padre Simeón y el teniente-gobernador del centro poblado menor Pampacancha, comprensión del distrito de Lajas, para ir con los Magnitos y Anaximandros a la fiesta del 30 de agosto, consciente de lo que había visto dos años antes -cuando Montaña aún incipiente seguía emergiendo- y me dije algún día volveré a Pampacancha con un grupo formado para compartir lo que a ellos más les gusta: es decir poesía, teatro y canto.

La municipalidad nos apoyó con movilidad y así pudimos ir entusiastamente 20 montañas y no precisamente el 30 sino el 29 de agosto. Llegados al caserío y luego de coordinar con las autoridades y profesores, nos dimos tiempo para ascender por ese lado al pico conocido como La Misha, que no es sino nuestro viejo y conocido Iroz, punto culminante del distrito chotano, desde donde pudimos observar una vez más a nuestra lejana urbe de Akunta, al tiempo que a las de Cutervo, Cochabamba y Santa Cruz. Luego de darnos ese baño de viento, especialidad de esta cima, y haber disfrutado del color de la alverja, que lo domina todo alrededor y en Iroz junto con él enseñorea, descendimos a Pampacancha vitalizados a cual más para la presentación de Magnitos y Anaximandros, no sin antes participar en el izamiento de la bandera y del desfile de instituciones como el jardín, escuela y colegio, posta médica, rondas campesinas, etc.

Germán Blanco, reconocido allí por su trayectoria en el sétimo arte, empezó la presentación de los Anaximandros montaña con el poema de su autoría Adelante rondero; fue seguido por Don Héctor Gamonal con el poema Agüita, igualmente de su autoría; luego el turno de Cinthia Núñez Gamonal con el poema La quinta nota; Nayeli con su reconocida performance de Los amores de la Flora; María José y Atilano con El cholito Domitilo y por último la nueva sensación montaña, don Juan Evangelista Rojas Coronel, de 88 años de edad y el más reciente de nuestros asociados, con dos poemas de su autoría: La pobreza y Ronderito de mi barrio.

El teatro a presentarse por Los Magnitos fue el de Las Locurrencias de Melchor Tirifuga, debido a que sería hecho a la manera del teatro popular, es decir al aire libre, y bajo la mirada impertérrita del Iroz. Esa tarde la mayoría de personajes se adueñaron de su actor definitivo.

Enemesio (Héctor Gamonal) anima a su hijo Luisito (Leonel Rubio) concluya su ardua labor de fumigar con todos los insecticidas posibles para curar y no dejar que decaiga la hermosa papa, así como los briosos tomates. Nayeli, que en esta oportunidad le tocó hacer de mochila de fumigar (pobre Leonel, de tanto que le ahorcaba ya no podía cargar con ella), hace más difícil la tarea del fumigador que realmente termina exhausto. El padre finalmente le indica al hijo que lave bien la mochila en la poza de a lado, recalcanndo qué nos importa la gente de más abajo, y se van, cuando ingresa Melchor (Atilano Edquén), quien les ha estado espiando y arremete contra los mejores tomates.

Aparece una bella chica (Cinthia Núñez) caminando apenas con tremendos tacos. Melchor la reconoce como Expedita, ella le grita que no se llama así, sino Edita. Él le recuerda que no se haga la palangana, procediendo a cortejarla. Expedita preocupada le conmina a dejar de comer esos tomates recién fumigados y él, inconsciente, hasta se toma dos sombreros del agua de la poza cercana, haciéndole mofa y continuando en su afán de enamorarla. Entonces aparece en escena Piter (Joel Cobeñas), enamorado de Expedita, enfrentando al osado Melchor; quien reconociéndole como Pedro igual le encara su verdadera identidad y se van peleando.

La escena siguiente nos entrega a Próculo (Nórvil González) sacándose los piques o niguas, cuando llega su esposa Aniceta (Juana Vásquez) del ganado recriminándole su actitud. Discuten y al fin concuerdan en que ella le cante un tema de aquellos años cuando eran enamorados. Canta “Negrito” y en el mejor momento de la reconciliación, ingresa la desgracia; es decir Melchor que acarrea terribles dolores estomacales e incontenibles diarreas. Ante la emergencia vuelven a discutir los padres en si llevarlo al médico o al curandero. Aniceta decide por lo segundo.

Ño Shírac (Danilo Sánchez), ayudado por su ramba (César Sánchez), aguardan sabedores a la nueva víctima, mejor dicho al nuevo paciente, quien llega de inmediato conducido apenas por sus padres. El brujo atiende a Melchor, primero con una pulseada, luego con la pasada de la correa, una penqueada enseguida, una duchada con aguardiente, la pasada de los cocos con bailecito incluido y la limpia con la calavera. Melchor se resuelta, los padres pagan los quinientos soles y todos contentos.

En la siguiente escena nuevamente están peleando Próculo y Aniceta, pues Melchor sigue peor, decidiendo recién llevarlo a la posta médica, donde son atendidos por la Doctora Manzanilla (María José), asistida por su enfermera (Nelsi), quienes atienden al enfermo, aconsejando a los padres mayor cuidado con la salud de ellos mismos a través del cuidado del medio ambiente y entre todos convienen realizar acciones en contra de la contaminación. Así, luego de colocarle vía y aplicarle ampollas, proporcionan el tratamiento y Melchor agradece su mejora tratando de enamorar, cuando no, ahora a las bonitas trabajadoras de salud, que él llama angeles.

La escena final nos devela a un presidente de ronda (Germán Blanco) inspirado en su discurso contra la contaminación provocada tanto por las mineras como por la población misma al no cuidar los humedales e invita a toda la población e instituciones a hacer la limpieza de la laguna.

De esta manera, cumplimos con Pampacancha. Esta presentación salió genial, la gente lo disfrutó contagiando el entusiasmo a los actores y hasta a mí mismo que no dejé de buscar el mejor ángulo para registrar lo actuado con la filmadora, al tiempo que llevaba la dirección. Nos emocionó sobremanera la fanfarria de complacencia que nos regaló la banda de músicos, mientras nos conducíamos a felicitarnos en el salón destinado como camerín.

La emoción hizo que aquel día olvidáramos a Erick Díaz y su declamación. Rojo, María y hasta la mamá de Leonel cumplieron en el apoyo como siempre, y no quedaba sino volver a nuestra Atenas cantando como habíamos ido, complacidos de haber escrito otra bonita página en la pequeña historia de los Anaximandros y Magnitos.

El ocaso con los verdes alverjales de Pampacancha, alejados por la velocidad de la combi, quedaron imperecederos en nuestras retinas, más allá incluso de cuando nos entregábamos satisfechos cada quien en nuestros respectivos y reconfortantes aposentos a los brazos de Morfeo.


TALENTO Y RECITALES: ANAXIMANDROS


Y hablando de Anaximandros y de recitales, debemos cerrar este artículo con ellos precisamente. Hay que recordar la presentación en Trujillo en octubre de 2010, con la participación inicial de César Gilberto y Maggi (con “La lecherita”), y el recital del 1 de noviembre del mismo año de retorno en Chota. Así, el Recital “Homenaje a la Tierra – Montaña” del 23 de abril de este año, con motivo de nuestro segundo aniversario, donde desfilaron casi una treintena de artistas entre invitados y montañas,

mención para Juanita Cusma, María José (“Amor y llaga de mi Tierra”), Germán Blanco, Héctor Gamonal, Erick Díaz y Nayeli Cieza Sempértegui (“Grito en la Montaña”). Los recitales de mayo para el Sesquicentenario y de junio preludiando a las presentaciones teatrales, donde ya contamos con la participación además de Cinthia Núñez (“La quinta nota”). El recital “RenACER Akunta” del 23 de setiembre donde María José presentó a dos de sus pupilas, Isa Edquén y Yolanda Idrogo. La suma a “Montaña” de Juan Evangelista Rojas Coronel, a quien luego de seguirle la pista lo encontramos gozando de sus 88 años juveniles en la Feria del Maíz de Colpatuapampa

y desde entonces acompañamos su afán inmarcesible de compartir sus versos con nuestra población, como en el desfile del 28 de julio, en el aniversario de la DISA, del Hospital, del Festival Internacional de Poesía en octubre y con todo el grupo en Pampacancha (“Ronderito de mi barrio”).

La presentación de María José en la escuela de Rejopampa (“El cholito Domitilo”), cuando fuimos a entregar el diploma a una de las niñas ganadoras del Concurso de Dibujo y Pintura “RenACER Akunta” y la de Nayeli en el Concurso de Oratoria (“Los amores de la Flora”) organizado por el Instituto Tecnológico. Y por último, ambas en los recitales de recibimiento a los alumnos participantes del Concurso de Matemática entre colegios emblemáticos, realizado por el colegio “San Juan”, tanto en el Complejo “Akunta”

como en el local de Corepuquio, donde nuestras Anaximandro desplegaron todo su talento haciendo quedar en el mejor sitial a la faceta cultural de “Montaña”.

Para cerrar, nuevamente Nayeli (“Rondero, ronda, rondero”) el 21 de noviembre último celebrando la conquista de la firma de Transferencia de la UNC – Sede Chota en favor de la UNACH; así como en cualquier oportunidad que tenemos la visita de nuestros Embajadores Montaña, como aquella de César Gilberto, desde Lima, y de Kathy y Sindy, desde Trujillo, a propósito del Encuentro Internacional de Poesía en octubre, donde La Cabaña se convierte en el auditorio perfecto de los Recitales.


A esto hay que agregar el arte del canto que aportan Temi Gavidia, Juana Vásquez, el Dúo “Lindurita” (Agustín y Cleo, padres de Atilano), Juanita Ramírez, Cinthia Núñez, nuestros amigos Rosita de Chota, Savina Sánchez, Jimmy Gavidia. Y por todo ello, ya no cabe más dicha en nuestro jubiloso espíritu de contar con tanto talento en A.C.E.R. “MONTAÑA”, porque justamente cada Montaña es dos, tres o hasta más personas en una… sabe declamar, actuar, cantar, pintar, esculpir, soñar, vivir, reverdecer, primaverar, acer montaña.